Aromas que desatan

Nuevamente el viento aparece y me inunda de tu fragancia aterciopelada, paralizando mi instante. Sopla, se acerca y me arrebata el sentido de la consciencia. Inhalo el aroma, mis ojos se cierran rindiéndose a la melancolía de tu ausencia. Aquí y ahora deja de girar mi mundo, tan solo permanece en movimiento lo que está fuera de mi. Fugaz, constante y veloz se pasa  todo a mí alrededor. Permanezco inconsciente por decisión propia. Es lo que yo elijo, lo que yo decido hacer. Y es que,  me paro a saborearte aún y la distancia. Me paro para dejar que me lleven los aromas y recuerdos que me sumergen debajo de tu piel. Recorres mi cuerpo a  pleno centímetro, me estremeces las ganas de saborearte, besarte, amarte, amarrarte a mi corazón y que me permitas tapar tus ojos con suaves sedas, para hacerte mío tal cual siento.

Soy una estatua frente al mundo, lo que no sabe el mundo es que de mi interior brota el silencio de la exquisitez, el goce de cada partícula de mi ser entregada al placer que me provoca tan solo tu respiración. Enriqueces mis sentidos con estremecedores ardores de fuego sobre mi piel. ¡Me quemas! tus llamas arden a fuego vivo dentro y fuera de mi. Y es que… no deseo parar de tenerte en mi oscuridad, en lo más hondo de mis adentros.

Mi cuerpo transpira tu aliento. Brotan gotas de sudor deslizándose y empapando lenta e imparablemente cada pedazo de prenda que recubre mi piel. El mundo sigue moviéndose a mí alrededor. Siento el movimiento de los arboles meciendo sus ramas, las hojas caen en silencio acompañando los suspiros de silencio que me brotan al tener sed de ti. Puedo sentir las miradas de quién pasan por mi alrededor, los juicios que nacen de la incomprensión a lo que sus ojos ven; lo que no saben es que sus corazones laten junto al mío, compartiendo mi pasión.  No deseo que mi atención se disperse, elijo volver a mi silencio de placer. Entro en lo profundo de mi recuerdo,  te encuentro allí, preparado para mí, entregado a ti. Me enredo entre tu comisura y tu boca, ese laberinto que me lleva siempre al deseo de tener más de ti. Nos perdemos entre el morbo de lo desconocido y el placer de lo que sí sabemos que va a ocurrir. Derríteme entre tus manos,  desmáyame sobre tu piel y hagamos círculos entre tú y yo. Círculos de placer que siempre empiezan y nunca acaban. El mismo final es el principio de lo que generamos los dos.

Yo decido quedarme saboreando los recuerdos que el viento me hace llegar de ti. ¡Mundo! Sigue girando, que yo, aquí y ahora decido permanecer en infinito orgasmo de sensaciones de ti.

Joanna Coronado

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