Nuestra decisión influye en tus hijos

Tener un hijo implica tomar grandes decisiones que sin ninguna duda marcarán su existencia. ¡Poca broma! ¡Marcarán su existencia!

¿Cómo puede ser esto? Pues simplemente es. Yo tomo una decisión y la vivencia, la experiencia y la realidad de mis hijos cambiará su existencia según mi decisión. ¡Pfffffff! Esto es vertiginoso si te paras un instante de tu tiempo a reflexionar que nuestros hijos son producto de nuestras decisiones. Todo lo que son, hacen, piensan, sienten… son el resultado de nuestras decisiones.

Si decido, mi hijo cambia según mi criterio. Si decido por él/ella, deja de Ser. Y esto tiene grandes desventajas en su persona. Nos hacen saber su inconformidad con enfados, rabietas, gestos poco respetuosos, chantaje, etc.

El extremo opuesto sería permitir que él/ella decida por si. Esto le llevaría a vivir su experiencia, vivencia y realidad basada en su propio criterio. ¡Pffffff! Si es 100% así, a mí también me produce vértigo. Ya que mi experiencia me ha mostrado que esto genera tal desarmonía en los niñ@s como el anterior caso descrito.

¿Dónde está el punto medio? ¿Qué debemos hacer entonces? Porque nuestro deseo es generar hijos sanos, amados, respetados, autónomos y libres en su autenticidad. Claro que para que esto suceda te tienen de permitir experimentar según tu decisión de lo que deseas aprender.

¡Qué complicado parece! ¿No? Pues voy a simplificarte tal embrollo.

  1. Cada edad corresponde a un ritmo distinto de aprendizaje. Esto conlleva unos deseos innatos de aprender cosas según sus necesidades emocionales. Como adultos, hemos de saber observar estos ritmos y necesidades para poder establecer una armonía entre lo que debe decidir el niñ@ y lo que debemos decidir nosotros.
  2. Nuestras decisiones y las suyas tienen de tener la dirección de CUIDAR. Cuidar de ellos mismos y cuidar del resto. Cuidar nosotros de ellos y de nosotros.
  3. Cuidar es respetar. Existen cosas que nos van bien a nuestro Ser, otras que nos perjudican. Cuidar es mantener al niñ@ en un entorno que atienda sus necesidades.
  4. Cuidar también implica frustración. “Como cuido de ti, no permito que pongas los dedos en el enchufe”. ·No deseo que tu cuerpo se hiera, sino que esté a salvo”. La tentación del enchufe puede ser superior a que el niñ@ tome consciencia de no herir su cuerpo. De hecho, si no mete los dedos y siente la corriente, no sabrá que eso no es bueno para su cuerpo. El niñ@ ha de confiar en tu palabra sin experimentar y eso genera frustración.
  5. A medida que el niñ@ va creciendo se va generando su propia idea de la vida y sus decisiones irán en función de esas ideas que él ha creado basadas en sus experiencias.
  6. Así que dejemos que experimenten cuidado de ell@s. Basándonos en el cuidado, los ritmos y sus necesidades naturales.

Deseo que mi experiencia te sirva para simplificar la labor de educar a tus hij@s. Puedes contactar conmigo para resolver tus dudas sobre cómo resolver los conflictos con tus hijos de forma respetuosa.

 

 

 

Joanna Coronado

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